Advertencia de contenido: Este escrito contiene menciones sobre pérdida gestacional y pérdida de un bebé.
Hay momentos en la vida que nos transforman para siempre.
Este último año fue uno de esos momentos para mí.
Después de nuestra pérdida a las 8 semanas en febrero de 2024, me alejé de la fotografía durante la primavera. En ese momento, sinceramente pensé que ese capítulo de mi vida había llegado a su fin. Después de cinco años intentando concebir, finalmente habíamos logrado un embarazo. Febrero de 2025 se sintió como la respuesta a tantas oraciones. Incluso habíamos pasado la tan esperada “zona segura”.
Pero en nuestra ecografía de las 20 semanas, todo cambió. Me dijeron que mi cuello uterino estaba demasiado corto, que el saco estaba abombándose y que necesitaba un cerclaje de emergencia. Una semana después del procedimiento, el día después del Día del Padre, se rompió la fuente. Esa misma noche, ya no había latido.
Regresar a casa con los brazos vacíos me quebró de una manera que no sabía que era posible. Me sentía traicionada por mi cuerpo, sin propósito, completamente rota. La maternidad se sentía arrebatada, y la fotografía —algo que antes amaba— parecía una puerta cerrada para siempre.
A principios de octubre, entendí que ya no podía seguir sobreviviendo en medio de tanta desesperanza. Necesitaba algo —lo que fuera— a qué aferrarme. Y con mucho miedo, pero también con fe, decidí regresar a la fotografía.
Comenzaba desde cero. Había vendido absolutamente todo, excepto mi cámara y algunos lentes. Volvía “tarde” en la temporada de otoño, sin saber si alguien regresaría conmigo, sin saber si alguien confiaría nuevamente en mí. Estaba aterrada.
No tengo palabras suficientes para agradecerle a mi esposo por creer en mí cuando yo no podía hacerlo. Él me animó, caminó a mi lado y me ayudó a reiniciar este negocio con nuestro propio dinero, sin ninguna garantía.
Y entonces, Dios.
Aunque por momentos lo ignoré, tratando de evitar enfrentar mi dolor, Él nunca se fue. Permaneció fiel. Caminó conmigo. Bendijo este regreso y me llevó directamente hasta ustedes.
Si reservaste una sesión conmigo este año, quiero que sepas esto:
fuiste las manos de Dios en mi vida.
Gracias por confiar en mí.
Gracias por elegirme.
Gracias por ayudarme a reconstruir mi negocio desde las cenizas.
Gracias por devolverme esperanza y propósito en la etapa más oscura de mi vida.
Ustedes me recordaron que el propósito no desaparece… a veces solo toma una forma diferente a la que imaginamos.
Al comenzar este nuevo año, sería un honor seguir acompañándolos y capturar sus historias, sus momentos y sus etapas con intención, cuidado y gratitud. Si has estado pensando en agendar una sesión, mis puertas y mi corazón están abiertos para ti y tu familia.
Desde lo más profundo de mi corazón, gracias.
Les deseo a ustedes y a sus familias un muy feliz Año Nuevo. 🤍
























